Dejando huellas en la primera infancia

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Rondas Infantiles

Las Rondas Infantiles son juegos colectivos cantados. En su mayoría son originarias de España y se han extendido por Latinoamérica aunque hay propios de estas tierras también. Su carácter anónimo, tradicional y popular ha perdurado intacto en el tiempo.

Las rondas infantiles, tienen la particularidad, de ser cantadas formando un circulo, de allí su nombre ronda: acción de rondar (dar vueltas alrededor de algo o andar alrededor de alguien) y, por extensión, el grupo de personas que andan rondando. En España, dicho juego se conoce como corro.

Las rondas fomentan, en quien las juega, la unión con el otro, ya que a través del lazo de las manos se forma “la ronda”. Son cantos rítmicos que se acompañan de danza, gestos, mímica, como un ritual, que recuerdan a la época en que las comunidades se reunían para hacer invocaciones a la naturaleza o alguna otra clase de ruegos. Las rimas cantadas por los niños los ayudan a entender en su dimensión las funciones sociales de cada ser y a proyectar la visión que perciben a través de las relaciones interpersonales.
Quién de nosotros, los adultos, no atesora en su memoria haber participado de alguna ronda como “Sobre el Puente de Avignón”, “Buenos Días Su Señoría “, “Arroz con leche”, “Aserrín, Aserrán”.

Las rondas presentan una estructura en: Canto, pantomima, danza, recitado, diálogo, juego.

Se expresa a través del canto a coro o individual conocidos por todos. Está acompañado de la representación o imitación de personajes, animales, seres u objetos, los cuales danzan a ritmo de las voces, palmoteos o golpes dados con otras  partes del cuerpo con expresión de sentido coreográfico: círculos, filas, manos o brazos entrelazados, calles, puentes, cadenas. Algunas rondas contienen “juego de palabras” y/o un diálogo figurativo o representado.

Todas las rondas requieren del juego de ronda y de ciertas actitudes corporales, destrezas o combinación de movimientos que llevan a cumplir su argumento. Pero es bueno resaltar que estos juegos no solo dan alegría, que de por sí es ya suficiente justificativo, sino que contribuyen a fortalecer destrezas, habilidades, valores y actitudes que son muy necesarios para el desarrollo integral de un niño, sobre todo en los primeros años de vida.

Deberíamos rescatar las rondas recuperándolas sistemáticamente de la tradición para hacer extensiva la alegría del aprender tanto a niños como adultos. Ya que “Jugar a la Ronda” significa para los adultos “volver a la infancia”, y para los pequeños una oportunidad de entender a los grandes y meterlos en el reino de la fantasía. Lo importante es que se disfrute de compartir ese momento, los niños se sentirán muy felices al jugar con sus adultos significativos y serán momentos que jamás olvidarán.

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